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lunes, 7 de octubre de 2019

Domingo en Dusseldorf

Hola a todos
Hoy ultimo día completo en Dusseldorf. Me queda el día de mañana porque mi vuelo sale por la noche. El último día no es para conocer sino para volver a algún lugar, despedirse de la ciudad y ahora de mateo y no mucho más.
Como les contaba hoy domingo la ciudad es muy tranquila. No hay nada abierto, habíamos pensado en desayunar en algún bar frente al canal pero nos costo encontrar alguno lindo que estuviera abierto. Lo poco que abre es algún que otro restoran después de las doce para el almuerzo y luego alguna cafetería pára la hora  del café.
La mañana se presentó con sol y pensamos en ir a conocer del otro lado del Rin que decían había playa. Cruzamos el puente y al llegar al final comenzamos a caminar por un barrio de casas estilo victorianas, parecía que estábamos por San Francisco. Este barrio a orillas del RIN se llama OBERKASSEL, mañana me voy a olvidar su nombre porque es difícil retenerlos. Es un barrio hermosos, donde las bombas de la guerra no llegaron en cantidad como al centro histórico por ejemplo, está parte en éxpocas de la guerra era como la pradera, donde vivía el campesino, hoy la ciudad creció y esto quedó incorporado a la gran ciudad conectado por dos puentes que podes cruzarlos caminando, que son 500 metros. El barrio era una postal, a pesar que estamos en agosto, parecía que llegó el otoño porque las veredas ya están llenas de hojas amarillas. Esta zona de Alemania tiene su gran verano el mes de julio y algunas veces revive un coletazo algunos días de septiembre ( pero es muy raro) el resto del veranos es como la semana que viví, muy fresco por la mañana (15 grados) y una máxima de 23/25 a las dos De la tarde, por ello en agosto y septiembre se van al sur (españa, Italia o gracia) para extender su verano. 
Volvamos al barrio, nos sentamos a tomar unos mates en una plaza rodeada de bares pequeños con sus terrazas repletas de gente que llegaba para almorzar o tomarse su aperitivo. Los coches que veíamos eran todos porche o Maserati y el resto camionetas BMW. Definitivamente o a los granjeros les había ido muy bien o aquí residía una clase alta. No parábamos de caminar, todo era lindo y agradable. Rápidamente googleamos datos del lugar y descubrimos que aquí se encuentra el cine más pequeño de mundo, fxunciona en un sótano escondido. Nosotros lo pasamos sin darnos cuenta, porque funciona dentro de una cerveceria, tenes que entrar, pasar la barra y bajar unas escaleras. 
Seguimos caminando y así volver a cruzar el río por el otro puente. Al bajar había una fiesta no entendimos bien de que, solo vimos un montón de chiringuitos de comida típica holandesa, francesa y alguna portuguesa. Yo que todo lo quiero probar vi unos pescado que me tentaron. Por suerte mateo preguntó si eran cocidos, noooooooo eran crudos. Me moría si los probaba.
Nos caminamos toda explanada del río que mezcla parte de puerto con espacios para descanso. Muchos se sientan en unas escalinatas solo a mirar el río y ver pasar los barcos.
Ya era pasadas las dos de la tarde y no habíamos comido. No nos decidíamos que comer. Yo pare y me comí unos kebbab asados y un poco de ensalada, pero a mateo nada le tentaba. Ahí se acordó de un bar típico que hacen una comida ( no recuerdo) que es verdura con salda blanca y mucho queso gratinada. La de hoy ea brócoli con champiñones y mucho queso, acompañada con la cerveza alter, que es la típica de esta zona. 
Mientras comíamos y comentábamos mateo encontró un barrio que mostraba como curiosidad sus paredes pintadas. Mira que desde acá son como tres km me dijo, si vamosle dije. El caminar me orienta y me hace sentir la ciudad de otra manera. No fue tan lejos porque en el medio pasamos a por unos mates. 
Fue dar vuelta la esquina y encontrarnos con unas casas antiguas todas decoradas con temáticas propias, no eran grafitos comunes, eran obras de arte. En los años 80 se instalaron ahí varios OKUPAS que pusieron su arte en las paredes. La zona empezó a transformarse en un espacio de arte y liberad como no se veía en el esto de los barrios. De a poco llegaron los diseñadores de moda, atraídos por los bajos precios de los pisos y la buena onda de los vecinos que te permitían estar hasta las 12 de la noche sin problema. Así el barrio creció y llegó hoy a ser este gran espacio cultural con bares, tiendas de diseño, paredes pintadas. Este barrio se llama FLINGER y de barato y cómodo ya no queda nada. Ahora está de moda tener tu atellier o estudio aquí. 
Ya eran las seis casi, pero nos quedaba pasar por lo de mateo a por una maleta que tengo que llevarme. Subimos los 4 pisos por escalera y si nos quedamos un buen rato. 
Se acaba acá esta parte del viaje que empezó a pura emoción y lo cerramos con un domingo caminando a la par, encontrado cosas que a los dos nos interesaban.
Ahora los dejo mientras espero resultados de las paso de argentina y voy cerrando la maleta.
Un beso a todos carola




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